
Lo que parece un bordado es, el mundo entero sobre los hombros de las mujeres
Por Rigoberto González
Huasteca Potosina, SLP.- La prenda conocida como dhayemlaab, utilizada por mujeres tének de la Huasteca Potosina, no es solo indumentaria tradicional: es una concepción completa del territorio y del orden del mundo hecha tela y cuerpo.
Así lo documenta una investigación publicada en 2022 por el antropólogo Arturo Gómez Martínez en la revista científica Antípoda.
Tras siete años de trabajo de campo en comunidades de Aquismón, Huehuetlán y Tancanhuitz, el especialista concluye que el bordado del dhayemlaab no “representa” el entorno: lo encarna.
Al colocarse el manto sobre la enagua negra -símbolo de la tierra-, el cuerpo de la mujer se convierte en el centro del universo.
Los cuatro picos del textil marcan los rumbos del mundo y cada figura tiene una función precisa: la estrella de ocho puntas invoca a los vientos de lluvia, la espiga asegura el alimento y el árbol florido conserva la memoria de los antepasados.
Para las comunidades tenek, herederas de la tradición maya en esta región de San Luis Potosí, el dhayemlaab es un objeto sagrado. Su elaboración ha sido históricamente una tarea femenina que se transmite de generación en generación, acompañada de relatos y normas simbólicas.
Una leyenda resume su importancia: si el primer manto llegara a concluirse por completo, el mundo se acabaría; por ello, mientras existan mujeres bordando, la vida continúa.
El estudio advierte, sin embargo, que la tradición enfrenta riesgos: el desuso del telar de cintura, la reproducción comercial de los diseños y el desinterés de algunas jóvenes. Aun así, persisten formas de resistencia cultural mediante cooperativas, danzas y celebraciones religiosas donde el manto sigue siendo imprescindible.
En comunidades como Tamaletom, bordadoras sostienen que dejar de portarlo equivaldría a “dejar a la tierra sin abrigo”.









